Recomendaciones para una atención inclusiva en tiempos de Coronavirus

Volver pensando en todos


  • De forma paulatina, aplicando protocolos y medidas de seguridad, vuelven a activarse los diferentes rubros. Abren comercios, locales y tiendas. Y el martes 9 de junio, luego de meses sin actividad tras la llegada del Covid-19 a Uruguay, reabren los shoppings. 

    Es clave, a la hora de comenzar esta nueva etapa, preguntarnos si estamos contemplando a todos nuestros clientes, usuarios, proveedores o colaboradores, incluidos aquellos en situación de discapacidad.

    A continuación compartimos algunas recomendaciones que pretenden orientar a las empresas, organismos y organizaciones para que puedan brindar una atención inclusiva.

  • Comunicar de forma clara por diferentes canales de comunicación cuáles son los nuevos horarios y requisitos para hacer uso del servicio o producto. Buscar que la información sea accesible a personas con discapacidad visual, personas con discapacidad auditiva y personas con discapacidad intelectual.

  • Contar con la información sobre medidas y requisitos en el propio local. Lo ideal es que esta información esté en un tamaño de letra grande y con buen nivel de contraste entre el fondo y el texto.

  • Colocar en el local un afiche en lectura fácil y pictogramas, diseñado para ayudar a las personas con discapacidad intelectual a comprender cuales son las medidas de higiene que deben respetar.

  • Tener tapabocas transparente para personas con discapacidad auditiva que leen los labios de su interlocutor e interpretar mejor su gestualidad. Deberán tenerlo, según lo establecido por el proyecto de ley aprobado por el Senado, las oficinas públicas, locales comerciales y centros educativos.

    El mismo objetivo cumple el uso de mascarillas de acetato, que son más sencillas de higienizar y reutilizar, siempre permitiendo a una persona sorda o hipoacúsica visualizar correctamente el rostro de su interlocutor para una mejor comunicación.

    Este modelo también permite una mayor circulación del aire por la cara interna de la mascarilla, evitando así que el acetato se empañe y que se obstruya la visión.

    Es fundamental aclarar que el uso de estos elementos no sustituye, en ningún caso, la Lengua de Señas.

  • Colocar dispensador de alcohol en gel con censor electrónico. Este dispensador es el mejor método para que las personas con movilidad reducida puedan desinfectar sus manos de forma autónoma.

    Para ser totalmente accesible debe estar ubicado a 110 centímetros del piso, para que cualquier persona pueda alcanzarlo; debe estar emplazado en una zona bien iluminada, señalizada con colores que contrasten y con letras grandes para ayudar a su localización por parte de personas con baja visión. 

    Si el dispositivo debe presionarse, es importante que esté aferrado de forma firme a la pared para sostenga el peso del apoyo.

  • Cintas vinílicas. Las cintas que se utilizan para marcar la distancia social deben tener un alto contraste respecto al color del piso.  

  • Pegar goma adhesiva con relieve en el piso. Esto permite a las personas ciegas o con baja visión detectar con el bastón dónde está el límite establecido para mantener la distancia social en la fila de un supermercado, por ejemplo.

    Si una persona ciega no está respetando la distancia recomendada es importante indicárselo.

  • Tener toallitas para perros guía y de asistencia para mantener correctamente higienizadas las patas de los animales que ingresen al local.

  • Equipo sensibilizado e informado. La implementación de las recomendaciones que se brindaron anteriormente funcionarán siempre y cuando el equipo sepa que la empresa buscó contemplar en esta etapa a personas en situación de discapacidad. Que cada uno de los integrantes esté preparado para recibir de forma correcta a todos los clientes o usuarios es clave.

    Por asesoramiento o capacitaciones para una atención inclusiva puedes contactarnos a través del mail somos@umuntu.uy

“Cuando todo es nada”

Maia miró por la ventana. Se vio a sí misma reflejada en el vidrio. La noche había llegado y con ella la oscuridad.

Abrió la ventana y no se escuchaba más que el televisor de su casa encendido bajito. No se escuchaban personas gritando, ni autos, ni alguna moto alocada probando cuán furioso podría rugir su motor.

Quedaban pocas luces encendidas en su cuadra.

Renato abrió la ventana. Estaba un piso más abajo que Maia, en el edificio de al lado. Sonaba de fondo la Play Station que su hermano tenía prendida desde hace tanto rato que ya ni la escuchaba.

Él no vio a Maia, pero ella sí lo vio a él. Esperó, dudó, se animó.

-“Hola.”

-“Hola”, respondió bajito Renato, después de descubrir de dónde venía esa voz.

-“¿Qué estás haciendo?”

-Nada.

-¿¡Nada?! Preguntó Maia extrañada.

-“Sí. ¿Y tú?”

-Maia pensó un ratito. “Nada”, contestó.

-“Ah, claro”. Asintió Renato, porque entre niños se entienden.

-¿Y por qué hacés “nada”? Curioseó Maia.

-“Porque ya no sé qué hacer. Ya hice muchas cosas y ya no se me ocurre qué más hacer. Y tú, ¿por qué hacés “nada”?”

-Porque estoy triste. Sentenció Maia, sin saber que estaba confesando algo que a los grandes les cuesta mucho decir.

-¿En serio?

-“Sí.” Siguió Maia, con la apertura propia de quien no se siente juzgada- “Cuando estoy en casa mucho rato me siento como un oso de peluche: solo quiero estar en la cama. Y cuanto más me quedo en la cama o en el sillón, más ganas me dan de quedarme así.

-Mi gato no es de peluche y le pasa lo mismo. Concluyó Renato.

-Y cómo no sé qué hacer, como y como cualquier cosa.

-¡A mi gato le pasa eso!

-Y miro tele desde el sillón. Y parece que al sillón ya le gustó que yo me tire, porque me hizo como un hueco que es donde yo voy. Entonces no me quiero levantar y no quiero dejar la tele, pero cuando me doy cuenta, miro por la ventana y ya es la noche, como ahora. Y no me gusta que ya no haya día. Y me dan ganas de seguir tirada en el sillón.

-Como a mi gato.

-¿Y qué hace tu gato para estar contento?

-Ahhhh! A Lafiera le encanta que le tire pelotas, que le hable, le pongo música y bailamos Daddy Yankee.

-“¡Mentira!”

-“Es en serio. ¡Mirá!”

Corrió a buscar a Lafiera, lo trajo y empezó a cantar y a bailar con él. Maia se reía como hacía días que no reía.

Renato tiró una pelota y Lafiera corrió tras ella.

Entonces a Maia y Renato se les ocurrió de un balcón al otro tirar una pelotita. Pero para que no se caiga a la calle, le pusieron una cuerda. Y así, la pelota iba de un balón a otro, rompiendo el silencio y con él la oscuridad.

Maia, Renato y Lafiera acordaron cada día juntarse de balcón a balcón para idear algún juego que rompa la “nada”.

Autora: María del Campo